El valenciano Joaquín Sorolla es a la luz lo que el francés Henri Matisse es al color. Ambos maestros crearon un universo pictórico tan personal e intransferible que resiste el paso del tiempo y continúa asombrando. Hasta septiembre se pueden visitar sendas retrospectivas en Madrid.

El Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza ofrecen durante todo el verano dos exposiciones que aquellos que visiten la ciudad, o que se queden en ella a disfrutar de los calores estivales, no pueden perderse. El Prado dedica a Sorolla (1863-1923) una muestra antológica y lo califica como el último gran maestro moderno, una de las figuras más sobresalientes de la pintura española del cambio de siglo.
A sus conocidas escenas de playa, con mujeres vestidas de blanco paseando mientras la brisa agita sus ropas, se suman los retratos de familia, las escenas campestres y los ambiciosos (y monumentales) paneles de la serie Visión de España, pintados para decorar la sede de la bilbioteca de la Hispanic Society of America de Nueva York. En total, 102 obras luminosas, vibrantes y vitales, suaves como las sedas que tan magistralmente recrea con sus pinceles.
El comisario de la exposición, José Luis Díez, habla sobre esta muestra en uno de los vídeos de nuestro canal.
Por su parte, el Thyssen-Bornemisza explora algunas de las obras menos conocidas de Matisse (1869-1954), aquellas que pintó desde su retiro a Niza en 1917 hasta el estallido de la II Guerra Mundial.
La voluptuosidad de los cuerpos desnudos comparte escenario en los cuadros del francés con colores imposibles y sugerentes, logrando a la vez atmósferas sensuales y evocadoras, casi de ensueño. Son cuadros que se alejan de reconocibles murales como La danza o La música, que representaban figuras planas, de un único color. Aquí se recupera la sensación de profundidad, de espacio, los cuerpos se vuelven rotundos, carnales, y Matisse busca unos cauces de expresión más íntimos.
La exposición de El Prado permanecerá abierta hasta el 6 de septiembre y la del Thyssen hasta el 20 del mismo mes.