Escrita entre los años 1920 y 1930 El Hobbit fue publicado en 1937. Aparecía así la primera novela de John Ronald Reuel Tolkien que explora un universo mitológico creado por él mismo. Años más tarde definiría esta historia en su obra más conocida a nivel mundial El Señor de los Anillos. La historia nos sitúa en el año 2941 en la Tercera Edad del Sol, es decir, una época de la Tierra Media que se caracterizó por la decadencia de los elfos y la ascensión de los hombres. Una época en la que los enanos, expulsados de sus tierras por el dragón Smaug, deciden recuperar su pueblo y los tesoros que habían acumulado durante años (ahora custodiados por el dragón).
Recuerdo
cuando empecé a venir a Madrid para ver teatro. En mi mente provinciana, me sorprendía la austeridad del público de la capital. Lo que en Sevilla hubiera arrancado bravos y ovaciones, en Madrid se resolvía con un breve aplauso. Con el tiempo aprendí que más allá del conocimiento teórico, la experiencia te da un criterio selecto a la hora de premiar algo. El pasado viernes, la platea del Español al completo se puso en pie al más puro estilo de un teatro de provincias. El espectáculo que ha dirigido Mario Gas lo merece.
Una clínica cerrada al público, un pasado escalofriante que se esconde entre sus paredes y dos estudiantes que buscan respuestas imposibles. Estos son los tres ingredientes básicos que Sebastián Fitzek utiliza en su última novela, El experimento, una obra de terror que juega con las emociones fuertes y los momentos de tensión para sumergir a los lectores en una trama escalofriante que recupera lo mejor del género. El experimento posee todos los componentes para levantar el cuero cabelludo de todos aquellos lectores que se atrevan a adentrarse en sus páginas.
Si en algún momento sientes que los laberintos de fantasía y ensoñaciones de tu niñez han quedado en un lugar muy, muy lejano y te mueres por morder de nuevo una manzana roja no tienes más que sentarte ante la televisión y disfrutar de nuevo del érase una vez... De pequeños soñamos y reímos viendo todas las películas de Disney ahora los mismos relatos llegan para el público adulto. La bondad y la magia dejan paso a oscuras historias que consiguen atraparnos igual que en nuestra infancia. Los cuentos clásicos han saltado a la pequeña pantalla para hacernos volar de nuevo con la fantasía.

