El madrileño barrio de Tribunal, en los años 80 cuna de la famosa 'movida' madrileña y hoy en día centro neurálgico del movimiento alternativo, destila un olor a bares de rock, a tiendas de segunda mano y a lugares de esos comúnmente denominados 'con encanto'. Invadido cuando caen las sombras por los jóvenes −y los no tan jóvenes− que, acompañados de grandes cantidades de alcohol y tabaco, exprimen al máximo las noches de la capital; con la luz del sol, los vasos de mini y las litronas dan paso a los pasteles, los libros, la ropa y los discos a lo largo de una infinidad de variopintos establecimientos. Pero aún hay más.
Amanecer. Teléfonos móviles, ordenadores portátiles, aviones, autopistas, hoteles. Puesta de sol. Somos parte de una raza que se mueve por el mundo sin dejar huella en ninguna parte. Black Mirror es una exposición multidisciplinar, breve pero muy interesante que retrata a toda una generación nómada. El artista californiano Doug Aitken debuta en nuestro país en la Galería Helga de Alvear (hasta el 10 de marzo).
Nadie sabe con exactitud de qué materia se compone el arte. Si pesa más el sueño o la locura. Después de todo, estar cuerdo no sale a cuenta. Eso debió pensar la arquitecta vietnamita Dang Viet Nga cuando decidió ceder a su admiración por Antoni Gaudí y dar rienda suelta a las formas imposibles que integran su ‘casa loca’.
Ana Isabel Díaz-Plaza: “La relación con la zona es fundamental para el desarrollo del centro”
A lo largo de la historia uno de los principales objetos de estudio del hombre ha sido él mismo. Siempre ávido de curiosear en su pasado, en costumbres culturales tanto propias como ajenas, en creencias y religiones. De ahí la importancia de la etnografía y, por extensión, de los museos etnográficos, santuarios donde quedan plasmadas las costumbres y tradiciones de los diferentes grupos humanos. Ana Isabel Díaz-Plaza, técnica superior en etnografía, nos cuenta la historia del Museo de Artes y Tradiciones Populares de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde trabaja, y nos descubre su nueva ubicación: una corrala del s. XIX.
A ver, pensemos. Ya sabemos que “en provincias” hay movimiento cultural, en mayor o menor medida, igual que en las grandes capitales, bastante poco conocido a veces. No es que Málaga sea especialmente pequeña, casi 600.000 habitantes, pero no suele ser su actividad cultural lo que más atrae a sus visitantes. Aquí los guiris y demás turistas vienen a disfrutar de su sol, su playa y fiesta cervecera y sangría. En un intento más o menos afortunado se ha intentado cambiar la idea que se tiene de la ciudad. De unos años para acá se han abierto algunos grandes museos (una “delegación” de la Fundación Thyssen con parte de la colección personal de la baronesa, el Centro de Arte Contemporáneo, el Museo Municipal, etc.), se ha reformado el Teatro Echegaray para dar cabida a una mayor actividad teatral en la ciudad, el Festival de Cine Español ha situado a la capital de la Costa del Sol en las agendas cinematográficas del país, etc.
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