Muchas han sido las películas que han llevado a la gran pantalla historias ambientadas en la Primera Guerra Mundial. Desde El gran desfile pasando por Sin novedad en el frente hasta La patrulla perdida. Pero muy pocas han abordado esta temática desde la particular perspectiva de un caballo, uno de los muchos que acompañaron a soldados y generales hacia las atrocidades del conflicto que cambió el curso de la historia. Esa es la idea que protagoniza la última película de Steven Spielberg, Caballo de guerra, una superproducción que combina el dramatismo con la profundidad humana pero manteniendo un claro componente para el público infantil.
Hace casi tres décadas que un desconocido escritor inglés, Michael Morpurgo, escribió una novela juvenil diferente, la historia de un jinete y su montura en plena Primera Guerra Mundial que conduce al lector a través de los campos de batalla del Gran Conflicto. Convertida en obra de teatro y en best-seller durante el siglo XX, el polifacético Steven Spielberg traslada ahora este clásico a la gran pantalla, con un elenco de de actores no demasiado conocidos pero que consiguen plasmar la esencia de los personajes creados por Morpurgo con bastante fidelidad.
El hecho de que Spielberg utilice de base una novela juvenil condiciona en gran parte el desarrollo de la película. De ahí que, aunque le presencia de escenas con una alta carga dramática y bélica es más que frecuente, el director norteamericano prescinde de elementos sangrientos o especialmente trágicos para mantener un cierto carácter asequible en la película y dotarla de una esencia para todos los públicos.
El personaje central es Joey, el caballo de un joven granjero que es vendido como animal de guerra justo con el estallido de la Gran Guerra. La primera parte de la película está pensada, especialmente, para ensalzar a este particular personaje y transformar su figura en un animal que esconde una esencia humana, superior, en muchas ocasiones, a las que presentan los propios personajes humanos.
No obstante, estos momentos de ensalzamiento echan mano de una excesiva dosis de sentimentalismo que, en ocasiones resulta demasiado fingida. Joey aparece como un ser tan perfecto que el espectador acaba por sentir aprecio por él, no por iniciativa propia, sino porque la película prácticamente le “obliga” a ello escena a escena.
Los años de experiencia de Spielberg detrás de las cámaras se aprecian de forma clara en Caballo de guerra y prueba de ello es la sensibilidad con la que el director norteamericano aborda un tema tan cruel como es la guerra para acercarla a un público joven, muy diferente del que disfrutó con Salvar al soldado Ryan. Pero no sólo eso. Los lucimientos de encuadre y las tomas de algunas escenas resultan tan maravillosas que transmiten al espectador toda la grandeza de Spielberg como cineasta, trasmitiendo solo con la imagen toda la profundidad de la historia, cuya hondura no llega a quedar recogida a través de los diálogos.
Caballo de guerra es una película que, a pesar de su excesivo sentimentalismo, consigue despertar las emociones de los espectadores, trasladándoles hasta la crudeza humana y psicológica que supuso la Primera Guerra Mundial con ternura. Una superproducción que juega con unas técnicas cinematográficas que sólo un veterano como Spielberg puede llevar a cabo, y que nos convence de que el pequeño bache del director en Tintin fue algo solo pasajero.




Alexandra López
Publicado el 2012-02-13 10:14:20
Como le gusta a Spielberg este rollito sentimental que comenzó con E.T. ...
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